PACIENTES

Obesidad, un problema para los uruguayos

 

La obesidad es una enfermedad producida por el exceso de tejido graso en el cuerpo. En el Uruguay, 1 de cada 2 adultos tienen algún grado de sobrepeso u obesidad. La mayoría asocia el sobrepeso con alguna de las alteraciones más frecuentes, como hipertensión arterial y diabetes. Los estilos de vida no saludables como el sedentarismo y la alimentación inadecuada son las principales causas, aunque la predisposición genética juega un papel muy importante.

 
 

A la hora de evaluar

El peso es una medida indirecta para reconocer la presencia de sobrepeso, pues no mide estrictamente la cantidad de grasa de nuestro cuerpo. En forma sencilla, podemos valorar nuestra situación nutricional, calculando el índice de masa corporal (IMC = peso/talla2) o buscándolo en el cuadro que sigue:
 
 
 

Si su IMC está en el área verde, su peso corporal es normal de modo que simplemente debe vigilar cambios bruscos o inesperados. Si el índice está en amarillo, según su edad y la presencia de otras enfermedades, es probable que necesite asistencia para mejorarlo. Mientras tanto, si es obeso (franja roja) deberá solicitar apoyo para instalar el tratamiento adecuado, ya que de no considerarlo, a mediano o largo plazo desarrollará complicaciones.

Esta forma de valoración sencilla, no es aplicable para niños o adolescentes; para ellos existen tablas especiales según edad y sexo. Es importante en estos casos estudiar además su crecimiento y actuar en forma cuidadosa para no poner en riesgo su desarrollo.

 

No sólo es cuestión de peso

Ser obeso multiplica las posibilidades de desarrollar hipertensión arterial, diabetes, intolerancia a la glucosa y otras alteraciones metabólicas, así como aumenta la aparición de artrosis en las rodillas, cálculos en la vesícula, alteraciones del sueño, algunos tipos de cáncer y otros problemas frecuentes.
 

En la mayoría de los casos, las personas manifiestan preocupación por el peso; en general todos queremos pesar menos. Sin embargo, están más alertas quienes presentan un peso normal o un ligero sobrepeso; los que realmente tienen obesidad, suelen resistirse a ver la verdadera magnitud del problema. Unido a ello, postergan la decisión de tratarse, quizás porque ya lo intentaron y los esfuerzos no parecen reflejar el resultado deseado. Por esto es importante que haya una valoración objetiva y profesional que ayude a considerar el problema, pues la obesidad es una enfermedad en si, pero además es un factor de riesgo para el desarrollo de otras.

 

Pero además, unido al grado de sobrepeso y aún en personas con peso aparentemente normal, está comprobado que la medida de la cintura es un indicador de riesgo. Esto significa que además del peso, importa la ubicación del sobrepeso

 

Cuando la grasa corporal en exceso se posiciona en la cintura, corregirla es inminente pues se asocia con mayor prevalencia de riesgo cardiovascular. En últimos años, asociaciones internacionales, definen el punto por encima del cual hay que advertir posibles complicaciones; hoy se recomienda no superar 94 centímetros en hombres y 88 centímetros en mujeres. 

 
 

Mitos y creencias

 

Frecuentemente, nuestros pacientes nos dicen:
 

… a esta edad, ya no puedo hacer nada

… lo mío es glandular

… ya lo he probado todo

… tomo agua y engordo

… estoy gordo por los nervios

… imposible cumplir el régimen, no me alcanza el dinero

… es que tengo que comer fuera de casa

 

Y así la lista podría ser inmensa. Lo cierto es que debajo de cada afirmación, siempre hay algo de verdad, verdad que nace de la experiencia de cada uno. Y por encima de todo, lo que hay es la decepción de no poder. Por ello, es importante una buena valoración clínica y nutricional de cada caso, incluyendo el tipo de alimentación habitual, para proyectar el tratamiento posible que permita alcanzar un peso saludable. 

El paciente debe ser informado sobre los beneficios de la pérdida de peso que por otra parte no debe ser inmensa; es sabido que reducir el 10% del peso inicial mejora el riesgo médico.

 

Al momento de decidir

La mejor “dieta” es la que puede y acepta hacer cada uno de nuestros pacientes. Por ello, en lugar de buscar la solución mágica, la del vecino, la de la revista, la de moda, la de la luna… mejor consulte y exija a su especialista la mayor atención para que las indicaciones sean posibles. No deje de preguntar, plantear dificultades y concurra siempre a los controles, especialmente cuando las cosas no van bien.

 

Algunos consejos válidos para la mayoría son: 

 

- Incluya verduras y frutas a diario en la alimentación; éstos alimentos tienen múltiples ventajas para la salud y de hecho reducirán la cantidad de otras preparaciones que contengan calorías concentradas.

- Reduzca las grasas de la alimentación, utilizando preparaciones sencillas y naturales, descartando las frituras y las picaditas que casi siempre tienen muchas grasas y generan un comportamiento adictivo: no podemos parar!

- Consuma líquidos sin azúcar en forma muy abundante durante todo el día.

- Cumpla todas las comidas principales y eventualmente agregue colaciones entre horas. Debe evitar ayunos prolongados para lograr así el control del apetito. No comer… no mejora nada!

- Acepte sólo planes completos y balanceados y no espere descensos extremos; todo es cuestión de querer comer más saludablemente.

- Acompañe las medidas dietéticas con el ejercicio que le esté permitido. 

 

Recuerde siempre que dietas mágicas, sólo son una ilusión. Si bien cualquier maniobra dietética produce inicialmente una pérdida de peso, luego la ganancia es casi segura si usted no ha logrado acostumbrarse a los consejos mencionados. Además, cuando hay otra/s enfermedades asociadas, hacer “dietas” maravillosas, puede ser contraproducente. Algunas pueden aumentar más su colesterol, otras pueden descontrolar la diabetes y a veces provocan depresión o ansiedad.

 

Comprenda que el conocimiento científico, al día de hoy, ya tiene propuestas seguras: se debe aceptar que un plan de alimentación individualizado, balanceado y completo y el aumento de la actividad, son las únicas dos herramientas para lograr un descenso de peso gradual y seguro, previniendo complicaciones y mejorando la calidad de vida.

 

No espere, no exija,  ni crea en promesas de fantasía. La obesidad es una enfermedad crónica y de difícil solución. Pero debe alentarnos el interés por alcanzar y mantener el mejor peso posible para evitar las enfermedades que se asocian; éstas son casi siempre causa de invalidez y severas complicaciones.

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